dijous, 19 de març de 2020

El Ministerio Esmeralda


Finalista del V Concurso de Microrrelatos Hotel Montreal. I que l'esperança ens abraci a tots com si fos un color...

En mi país, el Ministerio de la Crisis se reúne todos los martes a las tres de la tarde. Es la hora del sopor de la boa; quizás, el momento más raro del día para despachar los asuntos de un Estado hecho añicos, pero es la única que queda libre porque comparte edificio con la Asamblea de Excusas y el Gabinete de Quejas. Aquí, la revolución no existe porque la política es muy perezosa y el pueblo, demasiado indolente. Así pues, las crisis se tramitan en una sala pequeña, oscura y húmeda, cual burocracia silvestre, donde los ministros se apiñan con sus maletines de piel que tienen la palabra maldita estampada encima, como si fuese una mancha imborrable de color esmeralda. Tras muchas deliberaciones, esa gema teñida de verde fue la elegida para distinguir al Ministerio que gestiona los cambios como si fuesen óxido que hay que pulir y rascar; hasta el punto de sumir la palabra crisis en el olvido porque ya nadie la usa, llegando a cambiar de nombre como un animal que muda la piel. El Ministerio Esmeralda tan solo es un eufemismo con unos ministros buceando en un mar esmeralda tan bravo y traidor donde se hunden los barcos en el fragor de la nada. Y en la geografía imperfecta de este arco crisis, en mi patria plagada de supersticiones ya nadie se viste de este color ni tampoco se llama Esmeralda, solo por si las moscas que, por suerte, son negras como el carbón.